06:00. Madrugón. Para evitar los atascos hay que levantarse muy temprano.
09:00. Desayunados y tras el paseíto que separa el aparcamiento de la entrada, llegamos al circuito. Trajes de cuero, gorras amarillas, neveras azules, bocadillos interminables y hasta una pata de jamón en un picnic improvisado alrededor de una mesa de playa.
11.00. Vueltas de entrenamiento. Los rugidos delatan cada cilindrada mientras los espectadores van tomando asiento. Camisetas y gafas de sol, vaqueros y chupas de cuero, un público heterogéneo en el que tampoco faltaba un bolso tous.
Y empieza el espectáculo. El chickilicuatre y el Rey aparecen por allí, salvando las distancias claro.
Desde nuestra perspectiva vemos cuatro curvas. Adelantamientos, acelerones, aplausos a los pilotos españoles - a unos más que a otros -, alguna caída mientras nos echamos crema para filtrar un poco el sol.
Nos vamos. Quedan cuatro vueltas y el niño del anuncio del Colacao, si no hay ninguna sorpresa, tiene la carrera ganada. Le sigue el de Chupa Chups, poco querido entre los moteros. Acaba la carrera mientras cruzamos ante una auténtica nube de motos .
Verlo, verlo, lo vimos al llegar a casa en la tele. ¿Repetiría? No lo sé, pero ya he estado allí para palparlo y contarlo.
Hoy me han contado varios cuentos. Inquietantes. Negros. Historias breves que se han clavado en mi memoria y en mi estómago y que desmontan la equivalencia entre infancia y felicidad. Y lo hacen precisamente a través de los cuentos. Qué crueldad.
Con esta sensación me he levantado de la butaca después de aplaudir al gran actor que protagoniza El hombre almohada. Os la recomiendo.
Llevo una semana de vacaciones. No fumo, juego a la play con mis hermanos, hago los sudokus del periódico y he dejado de leer y escribir la siguiente fórmula: sujeto + ha asegurado,ha afirmado,ha criticado… + la hipocresía, el cinismo, la doble vara…del PP’. Una plantilla con pocas modificaciones, la rutina diaria de la que hay que descansar, por lo menos para ampliar vocabulario.
Qué ilusión nos hacían antes los cumpleaños. De pequeños todo resulta susceptible de ser celebrado y se disfruta con tanta intensidad que siempre recuerdo la sonrisa con la que me acostaba esa noche repasando un día que además ya había disfrutando planeando previamente. Eso sí que es exprimir la vida. Pero poco a poco nos abandonamos al cómodo conformismo y la suficiencia que confundimos con madurez, y creemos que eso significa ser adulto. Pues me rebelo. Quiero acostarme esta noche con la sonrisa puesta.
Para eso ya he pensado el vestido que me voy a poner y hasta el inicio de la conversación: ¿Así que naciste a las nueve de la mañana, no? Sí, sí, le he preguntado a mi madre esta mañana ¿Te acordarás el año que viene? Aro, aro (y en ese momento pienso que menos mal que se queda escrito aquí para cuando cumpla los 32) ¿Te gusta tu regalo? Sí, sí (pero no tiene cables, piensa él)
El sábado lo celebraremos en Triana. Cambiamos los sandwich de nocilla por una tapa de rabo de toro, la fanta de naranja por una cerveza y comeremos tortillitas de camarones en lugar de patatas fritas. Los amigos, los mismos pero más crecidos. Sólo queda igualar la ilusión de otros años. Ese es el reto. Felicidades cariño.
De esta foto han pasado sólo dos días, pero parece un mundo. Perdemos la noción del tiempo y del espacio, casi hasta de la realidad. Al día siguiente, muchos kilómetros por la provincia de Jaén y vuelta a Sevilla. Cerramos los ojos casi a la una. Sobre las seis y media de la mañana tuve un sueño, uno de esos que dibujan una sonrisa al recordarlo y nos hacen dudar. ¿Será cierto o se desvanecerá a medida que pase el tiempo?
El sábado toma forma. Alejandro Sanz por los Yesterday, copioso desayuno, lágrimas de cocodrilo en el sillón por una película facilona, una buena pizza y en la gran pantalla, con nombre de diosa griega, una historia de esas que según mi cuñado no cuentan nada. Pero es que a mi me gustan, ¿qué le voy a hacer?
Romper del ritmo por un día no significa volver a la rutina. Si fuera así, no me habría enterado por el periódico de que los colchones han ganado a nuestro eterno rival y que los blancos empezaron perdiendo y se crecieron al final. Bueno, las campañas electorales se celebran cada cuatro años, así que tranquilidad.
Hoy, uno contra uno. Y después, a hacer la maleta, que la recta final se presume movidita.
Asociamos recuerdos a los sitios, a los olores, incluso escuchar una frase nos trae algo o alguien a la memoria.
Dos Hermanas es un pueblo sevillano, pero para nosotras es esa imagen tan recurrente que los periodistas han utilizado hoy en sus crónicas: un lugar talismán para los socialistas. Allí se viven grandes mítines, 30.000 personas apoyando a Zapatero y más de 100 periodistas buscando el titular del día. Pero hoy la noticia ha sido la foto. El montaje. La luz y el color. Las más de 2.000 personas que se han tenido que quedar fuera. Las ganas. Las conversaciones sobre el debate de mañana. Las banderas. Saber que esto sólo acaba de empezar. La lluvia de papelillos verdes. Las dos semanas que nos esperan. En fin, las viviencias de quienes, sin darnos cuenta, nos hemos convertido en parte de esto. Y por eso, aquí se queda esta foto para la posteridad.
Mi princesa está aprendiendo a andar. Todavía se siente insegura, y cuando cree que se va a caer, se agarra a su propio vestido y se queda tranquila. Otra técnica utilizada es la de cerrar los ojos y echar los brazos hacia adelante, segura de que alguno de los suyos irá en su búsqueda.
De mayores, utilizamos sobre todo la segunda opción. Nos aferramos a otras cosas o a otras personas para sujetarnos, esperamos que estén ahí, pero la vida nos demuestra lo frágiles que pueden ser algunos pilares.
Pero no todos te hacen tambalear y mucho menos permiten que te caigas al suelo. Yo, afortunadamente, tengo muchos puntos de apoyo, aunque la mayoría muy lejos. No hace falta nombrarlos porque todos y cada uno lo saben. Hoy, con vuestro permiso, y sé que con vuestra aprobación, le dedico este post a quien anda conmigo a diario y unas veces me anima a agarrame de mi vestido y otras se queda a mi lado para que no tropiece.
Para la mayoría de los españoles, el 23-F es sinónimo de golpe de estado. Para mí, no. Para mí es sencillamente el cumpleaños de mi hermano. El pequeño, al que siempre mandamos a por todo, (eso sí, le cronometramos siempre y tengo que decir que progresa adecuadamente), al que preguntamos una y otra vez si tiene novia, al que seguimos intentando vacilar sin darnos cuenta de que ya tiene 24 añitos.
Aunque ahora tenemos a la pequeña de la casa, de momento, el homenajeado del día sigue siendo el pequeño. Felicidades hermanito.
Nota ilustrativa: mándame ahora mismo una foto de tu celebración de cumpleaños.
De Sevilla a Málaga. Esa es mi ruta de hoy. Son casi tres horas, así que después de ver a Fidel Castro en todas las portadas, escuchar lo patético que resulta el general Mena y sus 30.000, aprenderme los nuevos recorridos del AVE y sonreir con la viñeta de Forges, que da una cal y otra de arena, decido pasar un buen rato y entro en http://chup.tv
Me lo paso bien. La oferta de videos es variada y para todos los públicos. La calidad, innegable. Espero que me permitas coger alguno prestado para este blog. Además, los viajes, y ahora me esperan bastante, serán mucho mejores.
Enhorabuena hermano. Me siento muy orgullosa de tí.
Está claro que las nuevas tecnologías están marcando esta campaña, pero todo tiene un límite, en este caso, la ley. Cinco ciudadanos han sacado su voto a subasta en eBay. Las pujas van desde los 10 euros que le dan por su voto a un individuo asturiano, hasta los 100 que cotiza un gaditano (en Cádiz está más reñida la cosa). Pero por si algún partido se pone a hacer números,
la Ley Electoral establece penas de arresto y multas de 180 a 1.800 euros a quienes, por medio de recompensas o promesas, induzcan al voto o a la abstención.Y no sólo los compradores de votos corren riesgo de ser acusados, porque quienes ponen a la venta su voto pueden ser considerados inductores del delito.No todo puede ser cuestión de dinero en esta vida.
Ante la probable derrota de Rajoy el próximo 9 de marzo, el líder del PP se está haciendo un hueco en televisión. La entrevista con Buenafuente nos dejó una reveladora intención: convertirse en colaborador de Miguel Angel Rodríguez y sustituir al actual Superrojo. Rajoy el Rojo: “Yo siempre he defendido los principios del socialismo clásico”. Así, sin anestesia.
Ahora dice que su programa es el de los currantes, que es un hombre de concordia y que defiende una nación de ciudadanos libres e iguales. Menos mal que no engaña a nadie, o eso espero…
Compartir el mando de la videoconsola. Engancharse a Lost. Picarse con la alfombra de bailar. Jugar al tenis los sábados por la tarde. Escuchar juntos una melodía de piano o un punteo de guitarra. Cocinar costillas con salsa barbacoa y hartarse de alitas de pollo. Convencer a toda la familia para echarse un karaoke o jugar al Risk. Por todo eso se casan dentro de siete meses. Porque se quieren y se respetan, y sobre todo, porque nunca hacen nada que el otro no pueda saber o entender. Por eso serán muy felices. Estoy segura de ello.
PD: va sin foto porque los protagonistas son de los de pedir rápido derechos de autor…
Y ahora, sólo una reflexión. ¿Cuándo es el momento de hacer propuestas electorales y para qué sirven? El otro día lo dijo Zapatero en un acto público. Le preguntaba al PP, ante las críticas por hacer ‘promesas electoralistas’, si es que ellos hacen propuestas para que nos les voten. Pues eso.
Tener alma de pobre tiene sus ventajas. Una de ellas es que se agudiza el sentido del humor, las bromas dan más juego y los temas se amplían. Por ejemplo, Manuel Pizarro pisó por primera vez en su vida un mercado la semana pasada, y claro, no pudo charlar con el pescadero que tenía la merluza a 6,99 euros (bastante barata, por cierto) y no me quiero ni imaginar qué será para él y para muchos otros que no necesariamente militan en el PP, la precariedad laboral. Todavía nos queda mucho camino por recorrer.
Con este titular y esta fotografía, los ajenos al universo Peláez, la familia Torija y allegados, habrán puesto cara de circunstancia, y con razón. La visión angelical de la pequeña Laura en absoluto se acerca a esa anécdota infantil que todos repetiremos cuando vengan sus amigos a casa (con el consiguiente cabreo de la protagonista) y que no es otra que su primer acercamiento a la comunicación verbal: la imitación del gruñido de Bruce - el perro la familia Torija- y con el que nos hacemos los asustadizos, para, a continuación, soltar una carcajada.
Mi sobrina cumple un año. Todavía no me lo creo. Viviéndolo a cuentagotas desde Sevilla, y los que me conocen sabrán que sólo con decirlo se me inundan los ojos, repaso, como hago muchos días, todas las fotos de mi princesa. La echo mucho de menos. Echo mucho de menos a todos los míos. Sobre todo ahora, cuando somos uno más.
En tertulias femeninas, rodeada de mis amigas, le hemos dado siempre muchas vueltas a qué es eso de la felicidad. Pues bien: yo ya lo sé. Y me lo ha enseñado mi hermana pequeña, para que luego digan que la edad es un grado. Su expresión no tiene sombra de dudas, y no es puntual. La felicidad se ha instalado en su vida y no es un momento, como defienden los cenizos. Lleva así un año, lleva así desde el 4 de febrero de 2007… y lo que te rondaré Rubia.
La flitración de un miembro del jurado al ABC nos ha permitido hoy conocer la letra que servirá para que los españoles cantemos nuestro himno. Recibida con poco entusismo por la clase política, ya se ha abierto el debate que seguirá, como mínimo, hasta el próximo día 21, cuando será interpretado por primera vez por Plácido Domingo.