Ene
25
2008
publicado en Ocio | 0 Comentarios
Hace tres semanas que empezó el año y parece que ha pasado un siglo. La cuesta de enero no perdona, nos devuelve al mundo cruel, al trabajo, a los números rojos… y por eso hoy, tres semanas después, reivindico mi derecho a revivir esos momentos.
Madrid, ciudad que necesita pocas excusas para salir a la calle, ha institucionalizado el ensayo de las doce campanadas. Madrileños y allegados se reúnen en la Puerta del Sol el día 30 a las doce de la noche, y repite el ritual doce horas después, en ambos casos con lleno total.
Armados con sidra y champan, eso sí, servido en vasos de plástico que diligentemente distribuyen trabajadores municipales, miles de personas llegan al km 0. En los áticos situados frente al reloj, se distinguen los focos y las cámaras de las cadenas de televisión que ensayan para evitar repetir fallos imperdonables en una secuencia tan básica.
Para superticiosos y todos aquellos pelan las uvas, este nuevo rito navideño tiene un claro protagonista: las gominolas. Ositos y fresitas sustituyen a la típica fruta del 31. Y todo listo. La bola baja (no la escuchamos pero no pasa nada, en la tele se oye siempre bajito), “ahora los cuartos, ahora los cuartos” (pero tampoco se oyen), y cuando las miradas interrogantes se empiezan a cruzar, surgen los comentarios y empezamos a sospechar que algo anda mal, se oye una sentencia demoledora: “se están besando”.
Los presentadores de televisión, a los que se distingue de lejos, ya se están felicitando el año, y lo mismo hacen el resto de asistentes al famoso ensayo. Pero lo cierto es que las campanadas no se oyen, pero ni de lejos, ni se intuyen, vamos, que no se oye absolutamente nada. Comienza así una investigación periodística que rápido da sus frutos: el murmullo de la gente impide escuchar las doce campanadas y no es algo puntual, pasa siempre. Sorprendidas, incrédulas e intrigadas porque aún así este momento congregue a tanta gente cada año y nadie sea capaz de solucionarlo o al menos contarlo, y buscando explicaciones varias de lo que acabamos de vivir, nos vamos camino de un pub donde tomarnos una copa para pasar las gominolas que nos acabamos de comer.

